FOTOS E IMAGENES

lunes, 29 de octubre de 2018

Petulante y cobarde

Infunden terror y esconden paranoia y cobardía. Todo fanfarrón y altanero es cobarde.

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Con tipejos nauseabundos,
zalameros y babosos
anda altivo y pomposo
aquel hombre vagabundo.
Despreciable, furibundo,
con un estilo costoso,
presumido y vanidoso,
ofende a todo el mundo.
Resentimiento profundo,
sin valores y morboso,
torturador espantoso,
sádico e iracundo.
Ese hombre, ¿tremebundo?
en realidad es miedoso,
paranoico, envidioso;
es cobarde el verecundo.
¿fanfarrón?, no… pudibundo.
petulante, afrentoso,
es un tonto ¡asombroso!...
demagogo el vagamundo.

El niño llora

Pidiendo a Dios la presencia redentora de la madre

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Rumbo al poniente va el ocaso,
cubriendo de gris todo a su paso,
el niño pobre va descalzo
y en su estómago los latigazos,
del hambre que lo azota sin clemencia.
Camina cabizbajo por la ausencia
de la madre, que otrora,
dio su regazo; anda solo, triste
y sin hallar aquel remanso,
que una vez calmó su sed,
en la estancia feliz,
de aquellos brazos.
El niño llora su rechazo,
pidiendo a Dios
la presencia redentora,
de la mujer enferma que él añora,
la que lo abandonó, sin romper el lazo
de su maternal inconsciencia.

domingo, 21 de octubre de 2018

La vida no vale nada dijo una vez un poeta.

¡Haz que valga la pena!

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LA VIDA NO VALE NADA
La vida no vale nada, dijo una vez un poeta,
parece tener razón, cuando miro con dolor,
que un niño inhala pega para mitigar el hambre;
que familias enteras hurgan en la basura para poder comer.
La vida no vale nada,
dijo una vez un poeta,
parece tener razón,
cuando miro con dolor,
que ancianos duermen
en las afueras de entidades bancarias
para cobrar su pensión;
que muchos mueren de mengua
en un hospital; porque
no hay medicamentos,
insumos médicos, ni alimentos.
La vida no vale nada,
dijo una vez un poeta,
parece tener razón,
cuando miro con dolor,
que muchas personas cruzan fronteras
buscando mejor calidad de vida;
que buenos profesionales emigran
buscando mejores oportunidades;
que los hogares se están quedando
sin sus amados hijos...
padres íngrimos y tristes.
La vida no vale nada,
dijo una vez un poeta,
parece tener razón,
cuando por un par de zapatos
es asesinado un joven
y sin piedad mutilada una persona.
La vida no vale nada,
dijo una vez un poeta,
parece tener razón,
cuando miro con dolor,
que los servicios públicos
están en franco deterioro;
que la calidad de vida desmejora,
que las familias se sienten inseguras
y no confían en el estado,
que todos viven aletargados...
aterrorizados.
¿Qué valor tiene la vida...
la vida de un pueblo decente,
honesto y trabajador,
si el que roba a la nación
vive a sus anchas, feliz, libre…
y el que denuncia la injusticia
o no comulga con el gobierno
es humillado, perseguido,
descalificado, encarcelado
o desaparecido?

¿Principios y Valores?

¿qué valor tiene la vida...
la vida espiritual, social,
moral y cívica de un pueblo,
si muchos han puesto su confianza
en creencias oscuras, ancestrales,
retrógradas y tercermundistas
apartadas de la Luz, del respeto
de la ética y buenas costumbres?
Creencias que oscurecen el alma,
la mente y el corazón...
que solo buscan placer mundano,
poder, dinero y hacer daño.
¡Señor!
Ten misericordia de tu pueblo... de los hombres y mujeres de fe que te adoran y te aceptan como el único verdadero, Supremo y Eterno.
¡Señor, Señor!
Haz que pronto disfrutemos de tu gracia y de tu luz...
que vuelva a nosotros la fe, la esperanza y la caridad;
el amor, la justicia, la libertad y la paz.

Amén

viernes, 19 de octubre de 2018

Llegará la aurora

El alba vencerá la sombra destellando un nuevo día de fe y de esperanza.

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El letargo prolongado de las horas
y la sombra gris de la nostalgia,
alargan cada día la distancia,
deteniendo el tiempo de la aurora.
Añoranza feliz en la otrora
inefable alegría de la estancia,
carencia injusta que se tiene ahora
por la venganza cruel de la arrogancia.
El alba indetenible aflora,
venciendo a la oscurana y a la ignorancia
destellando justicia, libertad y democracia
que encandila a la jauría traidora.
Despuntará un nuevo y radiante día

Esta noche caerá un fuerte aguacero

Recojan la ropa que va a llover

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En mi feliz infancia era común escuchar a los mayores decir frases como las que se mencionan a continuación: recojan la ropa que va a llover ... esta noche caerá un fuerte aguacero… hoy será un día caluroso … entre otras expresión que dejaba al descubierto la sabiduría popular, cimentada en un infalible conocimiento ancestral empírico, capaz de predecir el futuro. Nuestros abuelos, sin el manejo de los modernos equipos de la meteorología e ignorantes de los avances tecnológicos podían predecir con bastante exactitud las condiciones del tiempo.
Aún hoy, con todo el conocimiento académico que se tiene y las grandes inversiones en equipos de alta tecnología en el área mencionada, siguen existiendo fallas y datos errados a la hora de predecir algún acontecimiento natural o de reportar las condiciones del tiempo; NOTA: no con esto quiero restarle importancia a las estaciones meteorológicas, a los instrumentos de mediciones climatológicas, a la tecnología ni mucho menos desmeritar a los profesionales que hacen uso de ese valioso recurso. Mi intención es reconocer que en cada rincón de la geografía mundial existen personas que predicen con exactitud eventos por venir, fundamentados solo en su experiencia y el don natural que tienen algunos hombres y mujeres en el mundo de profetizar.
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Reconozco, que haciendo uso de mi empirismo  funcional, he sido certero en varias predicciones ambientales, situación profética que me hace sentir orgulloso de mi humilde procedencia y del conocimiento ancestral que me fue transmitido. Una de las predicciones que todavía me persigue es el recuerdo que tengo de la cantidad de envases, ollas, tobos y peroles que colocábamos en los distintos y estratégicos puntos de la casa materna antes que se desatara la tormenta o la lluvia en cualquier intensidad.
En lo que se oscurecía el tiempo a causa de las inmensas y pesadas nubes grises y negras que ocultaban al sol y sentíamos una fría brisa abriéndose paso en nuestro caluroso pueblo o se escuchaban truenos y veíamos los destellos fugaces de los relámpagos corríamos cuales soldados bien entrenados a sacar la batería de peroles para ubicarlas en su puesto de comando, mi hermana corría al tendedero y yo, al terminar mi misión corría a mi cama a disfrutar bien arropadito del ruidoso concierto de la lluvia sobre el techo de zinc de mi bucólica casa materna.
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Si la lluvia se prolongaba y los envases se llenaban entonces sustituíamos los peroles por otros. Al escampar secábamos, limpiábamos y ordenábamos la casa no sin antes marcar los puntos huecos del techo para que mi hermano mayor tapara las goteras.
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Me encanta escuchar la lluvia sobre el techo de zinc