FOTOS E IMAGENES

sábado, 24 de septiembre de 2016

Olvidados, sin excusa.

IMAGEN OBTENIDA DE Aquí
Autor: Rafael González

Elisa es una docente que trabaja en cualquier Escuela Básica de los Valles del Tuy; es delgada y baja de estatura, de ojos pardos, cabello largo, liso y negro y es muy bonita, pero por encima de su belleza física, está un carisma que conquista al corazón más recio. Una de esas tardes que nos reuníamos para charlar un rato una vez terminadas las clases, nos contó la siguiente historia:
Ella es la mayor de cuatro hermanos, hija de un policía que se casó con su madre hace más de 40 años (ahora ella tienen 40 pero aparenta treinta). Nació y vivían en una barriada caraqueña. No había cumplido los seis años, cuando un día, sorpresivamente, su madre decidió irse de la casa sin dar ninguna explicación y dejarlos con su papá. El padre se las arregló como pudo; repartió a los niños entre sus familiares más cercanos para que los cuidaran, pero los fines de semana estaban todos juntos en casa de la abuela (que en realidad era tía del padre) y por eso nunca estuvieron separados realmente. El tiempo se hizo cargo de convertir en adultos a los cuatro hermanos. Elisa y Yeniler, la segunda hermana, quien era policía como el padre, eran las que más tenían comunicación. La tarde de un domingo, contando Elisa con 35 años y su hermana con 33, se pusieron a conversar diferentes cosas y de pronto, Yeniler, le pregunto a Elisa:
-Chica, ¿Dónde estará mi mamá? Me gustaría encontrarla y hablar con ella, conocerla y saber por qué se fue y nos dejó. ¿A ti no te gustaría hacer eso?
Elisa miró a su hermana sorprendida, pero con el rostro iluminado por la curiosidad y por una sonrisa pícara. Le preguntaron al padre, quien respondió que no tenía idea de donde estaba su mamá, pero que podían ir a la DIEX (hoy ONIDEX) a ver si encontraban alguna dirección. Para Yeniler que era policía, no fue difícil y así lo hizo, encontrando una dirección en una barriada populosa de la metrópolis.
Las dos hermanas se pusieron de acuerdo y salieron en busca de Martha Senderos, su madre. Llegaron al barrio y comenzaron a preguntar por ella y cada vez que lo hacían, sentían que dentro de su pecho no había un corazón, sino un caballo loco a todo galope.
-Allá arriba, vive una señora llamada Marta de Perales, la esposa de Raúl, el señor que trabaja en PDVSA- les dijo una señora y hasta allá fueron. Encontraron la casa, pero estaba sola. Fueron a la casa de enfrente y preguntaron; habían llegado a las doce del mediodía y ya eran más de las cinco.

-Buenas, señora, estamos buscando a la señora Martha, su vecina de enfrente. ¿Sabe algo de ella?
Una mujer regordeta, de cabello corto y de unos sesenta años, salió y les dijo:
-Como están hijas, yo soy Andrea, mucho gusto, se ven cansadas, ¿Son familia de Martha?
-No señora, mi mamá es gran amiga de ella y venimos a traerle saludos.
-Bueno, si quieren pasen y la esperan, no debe tardar porque salió temprano- respondió amablemente la señora.
Las dos hermanas esperaron y Martha no llegó. Como ya se hacía muy tarde (ya eran casi las seis) y estaban lejos de su casa, decidieron marcharse y regresar otro día; la señora de la casa las acompañó a la parada y cuando iban a tomar la camioneta para regresar, la señora Andrea les grito:
-¡Mira mija, ahí viene Martha!
Ambas se miraron a la cara y sintieron que un escalofrío les recorrió el cuerpo, pero decidieron regresar a conocer a su mamá.
La señora María fue con ellas al encuentro de Martha y las presentó. Martha era la viva estampa de Elisa, sin embargo Martha no las reconoció. Las hermanas habían prometido no emocionarse, no llorar, ni mostrar nada que las descubriera, pensaban conversar algunas cosas primero con su mamá y luego decirles quienes eran, pero Yeniler, no lo soportó y se puso a llorar desconsoladamente, Martha no salía de su asombro y no entendía nada hasta que oyó a Elisa decir con rabia:
-¡Ah no Yeniler, ya habíamos hablado en la casa y dijimos que nada de esto pasaría!
-Perdón Elisa, es que se parece tanto a ti
Al oír los nombres y lo demás, Martha entendió lo que estaba pasando, y las invitó a subir a la casa, donde las tres se abrazaron y lloraron mucho. La explicación de Martha no convenció a nadie, pero las muchachas la aceptaron y perdonaron a su mamá, tanto, que aceptaron la proposición de Martha de no decir nada a su esposo ni a sus hijos, para que todo siguiera como estaba. Cuando llegó Raúl con sus dos hijos, una hembra y un varón, Elisa y Yeniler fueron presentadas como primas de Martha y aparentemente todo quedó allí, pero cuando iban rumbo al Terminal adonde Raúl quiso llevarlas para tomar la camioneta de regreso a casa, Martha irrumpió en llanto; Raúl detuvo el carro y le fue explicado todo, con lujo de detalles. Raúl Sabía de los hijos de Martha porque ella algo le había contado, pero el tiempo lo hizo olvidar todo y ahora después de treinta años, el pasado se hacía presente nuevamente.
Desde entonces nada ha ocurrido. Elisa Y Yeniler conocieron a su madre y ahora se ven de vez en cuando. Esta historia fue escuchada por unas cinco o seis personas. Cada quien seguramente emitió un juicio sobre Martha, pero ¿quiénes somos para juzgar? Sin embargo hasta ahora me pregunto: ¿Qué puede haber ocurrido realmente para que Martha hiciera algo así? Y usted... ¿Qué opina?; no lo diga, sólo piénselo.

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