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viernes, 19 de junio de 2020

La Funda antigua de Cuero para revólver Calibre 38

A la memoria de mi Amigo Alfredo Vaamonde


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Fuente

     Alfredo y yo jugábamos mucho; especialmente con carritos y soldaditos de plástico. Él tenía diez años y yo seis; la diferencia de edad entre nosotros nunca fue impedimento para nuestra amistad.

     Un día, El Sr. Rogelio, el policía del barrio, le regaló a mi amigo Alfredo, una funda antigua de Cuero para revólver calibre 38, se la obsequió porque ya estaba vieja, además su comando lo había dotado de calzados, quepis, implementos y uniformes nuevos.

     Al ver el obsequio, me emocioné mucho y se la pedí prestada, él lo dudó pero me la prestó, luego se la devolví y fui corriendo a mi casa a buscar una correa, regresé y la adaptamos al tamaño de nuestra cintura, un rato la tenía él y otro rato la tenía yo, la revolvera casi cubría toda mi pierna derecha, era grandísima para mi estatura; lo cierto fue que aquel "juguete" nos encantaba, un día me regalaron un revólver de plástico y salí corriendo para la casa de mi amigo Alfredo para enfundarlo en la vieja revolvera, ¡Dios mío qué felicidad tan grande!, ahora sí que estábamos hecho, teníamos lo que nos faltaba.

     Pasaron los día y nuestro juego favorito seguía siendo la vieja funda de cuero. En una oportunidad, mi amigo Alfredo la dejó olvidada frente a su casa, allí amaneció detrás de una pila de arena, yo me levanté tempranito, abrí la puerta de mi vivienda y salí sin permiso a buscar a mi amigo para jugar, al llegar al frente de su casa, la puerta estaba cerrada pero ante mis ojos apareció el juguete más preciado, la tomé y me la llevé; cuando mi mamá me vio llegar me preguntó enfadada:

  • ¿se puede saber dónde estabas a esta hora y sin permiso?... ¿qué es eso que traes?
    ¡Dios mío Santísimo! ¡Susto!, tragué grueso y le contesté:
  • fui para la casa de mi abuelo Fermín (vecino de Alfredo). Mi mamá no me dejó terminar de hablar, me regaño:
  • ¡mentiroso!, tú estabas donde Alfredo, ¿y eso, de dónde lo sacaste?; me preguntó mientras señalaba la funda de cuero.
  • me la encontré, le respondí sin dejar de mirarla. Mi mamá tomó la correita que le habíamos adaptado a la vieja revolverá y me pegó. Mientras me daba correazos me decía:
  • No debes salir sin permiso, no debes mentir y a mi casa no debes traer nada que no sea tuyo, así que devuelve eso, ponla donde la encontraste.

     Llorando salí y dejé la revolvera en el mismo lugar de donde la tomé (mi mamá me acompañó).

     A ese amargo momento le debo lo que hoy soy, Gracias mamá por enseñarme valores, gracias porque ese correazo a tiempo fue una enseñanza vital en mi vida.

Anécdota verdadera: A la memoria de mi Amigo Alfredo Vaamonde QEPD

NOTA: la funda era de color negro.

Autor:@marcosmilano71


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